
MODA – ¿Cuándo dejamos de querer la ropa?

Por: Jose Zapata (Enlace al autor)
Hubo una época en que vestir era un acto de identidad y no de tendencias. Vestirnos no necesitaba de un discurso ecológico, ni de estatus, ni sensualidades; nos vestíamos solo por significado, por apego. Cuando elegíamos qué ponernos lo hacíamos por decisión, de que esa prenda se quedaría por mucho tiempo.
Hubo una época en que nuestra ropa protagonizaba historias completas, la ropa sentía nuestra piel, respiraba con nosotros, pantalones que se acostumbraban a la memoria única de nuestro cuerpo, de nuestros pasos, abrigos que guardaban colecciones de abrazos entrañables y nostalgias de caminatas bajo la lluvia, estaban con nosotros siempre, muchas veces, porque hubo una época en la cual se valía repetir, porque lo que permanece genera vínculos, como los amigos, como lo que siempre se lleva puesto. Por eso en esa época la ropa se quería, se cuidaba, se reparaba, se heredaba junto con una historia, como algo muy preciado, como un amuleto.


¿Y QUÉ PASÓ?
Llegó el afán, llegó lo rápido. La velocidad transformó el acto de vestir en algo automático, el impulso nos hizo llenar armarios, vaciar memorias y acumular “likes”. La ropa se volvió infinita, nos empezó a llegar en cajas y en bolsas grises cada semana, sin soñar, sin probarse, sin sentirse, para usarse un momento y ya, sin repeticiones, porque ahora repetir es un error, un delito imperdonable.
Así como perdimos la conexión con la ropa, también perdimos la relación con el tiempo, porque ahora el tiempo lo determinan las temporadas y los algoritmos.
ES HORA DE RECONECTAR.
Generar una conexión emocional con lo que nos ponemos implica detenerse, volver a vestir no como un simple acto de cubrir el cuerpo sino de honrarlo, darle significado y valor a lo que toca nuestra piel, a lo que nos protege del mundo exterior, a lo que vive momentos inolvidables día a día junto a nosotros.
No significa dejar de comprar, significa comprar menos pero mejor, elegir la creación por encima de la fabricación, entender que no hay nada barato, sino que alguien en algún lugar está pagando el precio.
Elegir lo hecho barato y rápido por lo creado con sentimiento y tiempo viene con una mancha de miseria y precariedad que nos ponemos todos los días así nos empeñemos en borrar con un “Unboxing” o un GRWM (Get ready with Me).
Volver a querer la ropa es resistirnos al olvido y hacerla parte de nuestra historia, dejarla de ver como algo pasajero o reemplazable y recuperar esa cercanía perdida para que envejezca con nosotros.
Cuando volvamos a querer la ropa dejará de ser consumo para convertirse en memoria, en esa compañía silenciosa que llevaremos sobre la piel.
Este artículo pertenece a la edición N°16 de nuestra revista

